Sosegada e inmóvil frente al espejo
observo mi reflejo y puedo percibir
la tristeza impregnada en mi ser,
la soledad irrumpiendo en mi.
Mi rostro abatido de pesar,
está plenamente humedecido
por las lágrimas y la melancolía
que me han dejado extenuada.
Imagino que del otro lado
del resplandeciente cristal
hay un mundo diferente,
donde la tristeza no existe.
Sé que la vida es dolorosa,
y aunque la niebla del dolor
no me deje ver con claridad,
debo seguir avanzando.
Priscila Bargas
Dolor como punzada de lanza que te atraso alguna vez. Hermoso poema. Mal momento para leerlo jeje.
ResponderEliminar